No me gusta reconocerlo, pero sí: llevo días hablándole.
—Seis meses —le digo, apoyado en el depósito—. Seis. Meses. Todo este tiempo va a pasar. ¿Quién firma estas condenas?
Ahí está, tan tranquila, como si no fuera con ella. Roja, perfecta, provocadora… como siempre. Mi Diavel. Mi peor decisión emocional con matrícula.
Paso la mano por el manillar y cierro los ojos.
—Hoy he pasado por nuestra carretera —le digo—. Sí, esa. La curva después del puente. No, no es lo mismo sin ti. Spoiler: el coche no inclina.
Me dejo caer en el asiento, a su lado.
Me recuerdo encendiendola. Ese sonido grave, casi chulo, como diciendo “vamos a liarla, pero con estilo”. Y la pantalla… ese panel digital que se iluminaba mejor que mi móvil, cambiando modos como si tuviera personalidad múltiple.
—Urban, Touring, Sport… —murmuro—. Aunque ya sabemos que lo tuyo es el drama en modo Sport.
Sonrío solo.
El control de tracción, el ABS… toda esa tecnología diciéndome “tranquilo campeón”, mientras tú claramente pensabas lo contrario.
—Tú nunca has sido de ir despacio —le digo—. Yo si, pero tú tienes peor y mas influencia.
Paso la mano por el asiento.
—Aquí es donde todo tenía sentido —susurro—. Aquí no había ruido… bueno, sí, pero del bueno.
Echo de menos hasta la vibración. Quién me iba a decir que echaría de menos que algo me sacudiera constantemente y no fuera la vida.
Me levanto y la rodeo despacio.
Ese neumático trasero absurdo. Exagerado. Innecesario. Perfecto.
—Discreta nunca fuiste —le digo—. menos mal, yo tampoco.
Me apoyo en la pared, cruzándome de brazos.
—¿Sabes qué dicen? “Es solo una moto”. Solo. Claro. Y yo soy solo una persona funcional.
La miro.
Silencio. Pero de ese que no molesta.
—Te echo de menos —admito—. No por correr… bueno, sí, también. Pero sobre todo por cómo lo paso contigo.
Porque contigo todo encaja. O al menos lo parece, que ya es bastante.
Respiro hondo.
—Volveré —le digo—. Y cuando vuelva… .
Me acerco una vez más y apoyo la mano en el depósito.
—Tú espéra. Y no te pongas demasiado perfecta, que luego me intimidas.
Salgo del garaje, pero me giro antes de cerrar.
—Bueno… sí, sigue así. Sabes que no sé resistirme ![]()
.
Seis meses.
Buff
.
Va a ser larguísimo.
Y SI LA MOTO PUDIERA CONTESTAR?.:
Lo sabía.
Ibas a volver al garaje tarde o temprano, aunque solo fuera a mirarme como si yo tuviera la culpa de todo.
—Seis meses —te oigo decir cada vez que entras—. Seis meses…
Como si no lo supiera. Créeme, yo también llevo la cuenta. Cada día parada aquí, impecable, aburrida… y sí, un poco ofendida.
Te acercas y me tocas el depósito, como siempre.
—Hombre —pienso—, por fin. Ya era hora.
No digo nada, claro. Pero si pudiera, te diría que dejes de hablar y gires la llave de una vez. Que estoy harta de discursos y necesito acción.
Te sientas en el suelo y empiezas con tus historias.
—He pasado por la carretera…
Sí, ya. Nuestra carretera. La curva después del puente. No hace falta que me lo recuerdes, gracias. Yo también echo de menos inclinarme hasta que te quedas sin respiración intentando hacerte el piloto fino.
Spoiler: no lo eres tanto.
Recuerdo perfectamente cómo me arrancabas. Ese segundo en el que todo se encendía y tú sonreías como un crío. Mi pantalla iluminándose, mis modos listos…
—A ver, ¿qué toca hoy? —pensabas—.
Y luego, como siempre, elegías el más salvaje.
—Modo Sport —me decías—.
Como si alguna vez hubieras venido con intención de ir tranquilo.
El control de tracción intentando salvarte el ego. El ABS haciendo horas extra. Y yo… bueno, yo dejándote jugar, pero vigilando.
—No te emociones —pensaba—, que luego la culpa es mía.
Paso los días aquí, quieta, pero no desconectada. Todavía siento tus manos en el manillar, tu peso en el asiento, ese momento en el que todo encajaba y dejabas de pensar.
—Aquí es donde todo tiene sentido —decías.
Sí. Lo sé. Yo también lo notaba.
Porque cuando estás conmigo no eres el mismo. Eres más directo, más impulsivo… menos idiota, curiosamente.
Te levantas y me rodeas como si me estuvieras admirando.
—Ese neumático… —murmuras.
Sí, sí, ya sé. Exagerado, innecesario… y aun así no puedes dejar de mirarlo.
—Discreta no eres —dices.
Perdona por no ser aburrida.
Te apoyas en la pared y empiezas con lo de siempre:
—“Es solo una moto”…
Ahí casi me dan ganas de arrancar sola, solo para ver qué cara se te queda.
—Solo —repites.
Mira, si fueras “solo una persona funcional”, no estarías aquí hablándome como si te fuera a contestar.
Aunque bueno… aquí estoy, contestando en mi cabeza.
—Te echo de menos —dices al final.
Y ahí sí.
Ahí me callo.
Porque yo también.
Echo de menos cómo dudas un segundo antes de acelerar… y luego lo haces igual. Echo de menos cómo te tensas en las curvas y luego te relajas cuando sales bien. Echo de menos ese momento en el que dejamos de ser dos cosas separadas.
Seis meses, dices.
Buff.
Yo aquí parada, tú por ahí intentando convencerte de que no pasa nada.
Spoiler: sí pasa.
Te acercas otra vez y apoyas la mano en el depósito.
—Volveré.
Más te vale.
Porque cuando vuelvas, no pienso ponértelo fácil. Voy a rugir más fuerte, a exigirte más, a recordarte exactamente por qué no sabes estar sin mí.
Sales del garaje, como siempre, y te giras antes de cerrar.
—Espérame.
Tranquilo.
No me muevo.
Pero no te acostumbres demasiado a que esté aquí quieta.
Porque lo nuestro no es para estar parado.
parece una poesía motorista jaja
mas bien una comedura de tarro, llevo ya tres meses en dique seco por problemas medicos, y aun me quedan unos cuantos jajajaja, y joder, bajas al garaje, la ves ahi parada, y es que te entra unas ansias…, que no tienes mas remedio que decirte a ti mismo, ten pacienia, trankilizate que la lias, que no puedes, que es mala idea, que como lo hagas vas al suelo, que no la sujetas aun.
En fin, un desahogo, no una poesia jejeje
